“La Biblia se manipuló para dar cabida al dogma de la divinidad deJesucristo”


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Fragmento del ‘Códex Sinaiticus’.
En 1844, el teólogo y filósofo Konstantin von Tischendorf descubre en el Monasterio de Santa Catalina, al pie del Monte Sinaí un puñado de hojas de pergamino que el bibliotecario estaba a punto de tirar a la basura. Al leerlos detenidamente, el especialista en las Sagradas Escrituras no da crédito a lo que tiene entre manos: varios fragmentos del Éxodo, los  textos de Jeremías y de los Evangelistas; se trata nada menos que del Código Sinaítico, la Biblia escrita más antigua conocida, recopilada en Alejandría a mediados del siglo IV por encargo de Constantino, el emperador que se convirtió al Cristianismo y con él, al Imperio Romano.
En aquel momento empieza una aventura –conseguir que los monjes vendan al zar Alejandro II el preciado códice- y un conflicto ético para su descubridor: denunciar al mundo o callar lo que desvela esta Biblia primigenia: Jesucristo no ascendió a los Cielos, lo que pone en entredicho su divinidad, dogma fundacional de la fe cristiana. “En la posterior Biblia canónica al Evangelio de San Juan le añaden la frase “y fue llevado a los Cielos”. Se trata de claras manipulaciones de que Jesucristo subió a la derecha de Dios, porque si no subes junto a Dios, según la tradición judía, no eres Dios: tiene que haber una ascensión”, me cuenta Mario Tascón, que acaba de presentar su primera novela, ‘La Biblia bastarda’, escrita a cuatro manos con su hermano Fernando.
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‘La Biblia bastarda’, que hoy presenta en Madrid la Editorial Planeta, narra la apasionante historia del Códice Sinaítico, custodiado por los monjes de Santa Catalina durante 15 siglos, adquirido por el zar Alejandro II, valedor de la cristiandad, y vendida posteriormente por Stalin a la Biblioteca por 100.000 libras (el equivalente a 6 millones de euros actuales, según los cálculos de Tascón). La trama está entreverada con una segunda subtrama que transcurre en el Madrid de la II República… y hasta aquí puedo leer.
Tendemos a pensar que existe algo así como una “Biblia original”, pero no existe tal cosa: la génesis (valga la expresión) de la Biblia es una argamasa de relatos de tradición oral, una infinidad de copias manuscritas y una ingente tarea de recopilación y estandarización, que incluye “una inevitable dosis de manipulación”, según el coautor de ‘La Biblia bastarda’:
“El Nuevo Testamento se empieza a escribir casi 100 años después de la muerte de Cristo y hasta entonces sólo hubo transmisión oral. Hay evangelios apócrifos, como el de María Magdalena o el de Judas… años después alguien empieza a organizar un canon, una selección de lo que se considera correcto, se liman las contradicciones entre los relatos de los evangelistas y se establece la ortodoxia cristiana”.
La encarnación de esa “Biblia canónica” es la Biblia Vulgata, traducida al latín por Jerónimo de Estridón a finales del siglo IV. En ella se establecen los pilares de la fe cristiana, incluyendo el dogma de la Santísima Trinidad –Dios, Hijo y Espíritu Santo- y elimina fragmentos que aparecen en Biblias anteriores, como la Epístola de Bernabé y el libro del pastor de Hermás, que sí aparecen en el Sinaítico y su probable hermano, el Códice Vaticanosuprimidos ambos “probablemente por su tono antijudío”, remacha Mario Tascón.
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